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Foto: Xiomara Solano
En el repertorio de palabras que frecuenta la lista de recomendaciones alimenticias que ostenta el médico internista, Gustavo Bustamante, no está el vocablo “Prohibido”. Prefiere sustituirlo por el término “Equidad de Consumo”. Bajo esta filosofía de gestión, el grupo multidisciplinario de especialistas del Instituto de Investigaciones de Enfermedades Cardiovasculares de la Universidad del Zulia (Iecluz), que están bajo su coordinación desde 1996, trabajan sin descanso para controlar las patologías cardiovasculares, que después del cáncer, son la principal causa de muerte a nivel mundial.
Para el zuliano de a pie, el producto procesado más accesible, y culturalmente aceptado por su transcendencia y variedad de presentaciones, es la harina. Lo han utilizado como sustituto en casi todos los platos, que se pueden permitir hacer en un día. Sin embargo, la ingesta prolongada de este rubro puede traducirse en muchos casos en un suicidio para los hipertensos, advierten los especialistas. Debido a la situación del país, Bustamante no la descarta del menú. Le permite presencia como parte de una opción que debe ser controlada. “Como le digo yo a un paciente que no coma harina. Y ¿qué va a comer?… lo ideal es comida balanceada”.
Puntualiza que para el hipertenso lo grave es el consumo de sal. La dieta que propone tiene las señales de alarma inclinadas al control en la ingesta de harina, ya que este producto es una fuente de triglicérido, es decir, una forma de grasa a nivel de la sangre.
El doctor apunta que el cuadro clínico más frecuente en la región es la hipertensión arterial, la insuficiencia cardíaca (como cardiopatías dilatadas), la arritmia cardíaca, y las enfermedades coronarias. Todas ellas, en su mayoría, hacen acto de presencia en el organismo impulsadas por condiciones hereditarias. Otro factor de riesgo, al que apunta el internista, está vinculado a los hábitos alimenticios del zuliano: “Somos comedores de altas cantidades de fritura que a larga producen la aparición de grandes masas de grasa en el cuerpo”.
El estrés, que incrementa como espuma ante la necesidad de supervivencia; el sedentarismo, que gracias al cansancio permanente en la batalla por comer reproduce aún más la resistencia al ejercicio; y la obesidad, que en los últimos años ha desaparecido de forma negativa debido a los precios y escasez de los alimentos, también son factores que juegan un papel crucial en el diagnóstico.
Alerta permanente
Gustavo Bustamante afirma que en su oficio, las señales de alerta son permanentes . Para el gremio hace mucho que el riesgo de incrementos dejaron de ser una proyección para transformarse en un presente continuo. Sin tregua ni descanso.
La guardia siempre está atenta. Esto se debe, a juicio del internista, a que “el paciente se enfrenta al mercado, y para el medico es una guerra para ofrecer lo mejor”.
La lógica, sin necesidad de estudios que refrenden y sustenten el enunciado del especialista, apunta al incremento sostenido: “El zuliano tiene que decidir entre comer y asistir a una consulta”. El reto más imponente es conseguir medicamento después del diagnóstico.
Los del gremio de la salud, asegura Bustamante, se han adaptado al escenario, tanto que motivados por la ausencia y los costos, se han cerrado a un circulo de medicamento. “Para la tensión arterial el losartan y amlodipina son los caballitos de batalla. Betabloqueante y diltiazem son fantasmas”.
El staff de fármacos disminuye en todas las plazas de patologías. Pero para los pacientes con enfermedad vascular e insuficiencia venosa han sido necesarios otros métodos, que juegan al azar, la percusión, y la suerte. “Me toca hacerles una lista de entre 10 y 20 medicamentos para ver qué consiguen”. Detalla que el antibiótico para un proceso infeccioso está en la calle por encima del millón de bolívares.
Barreras, restricciones y oportunidades
Bustamante refiere que el instituto que representa desde hace 21 años, es una dependencia de la facultad de medicina de LUZ, y lo maneja la fundación Venezolana de Hipertensión Arterial, que es un organismo sin fines de lucro. Por esta razón los precios que ofrecen son más accesibles para la población cardíaca. Su oferta está más de un 50 por ciento por debajo de una consulta normal. En el tabulador que se aprecia en la sala de espera del Iecluz los costos a pagar por el servicio oscilan entre 100.000 a los 400.000 bolívares.
La organización representa oportunidades ante la crisis, y el éxito en el tratamiento está garantizado, esboza sin tapujos el director: “Realizamos desde la consulta a pacientes con problemas cardiacos, bien sea arritmia, hipertensión, corazón dilatado. Hasta la emergencia, como el cateterismo cardíaco y la cirugía de corazón o reemplazo de válvula”.
Entre sus objetivos principales esta la oportunidad de fungir como barrera ente la situación del país para proteger a sus pacientes. Con esta meta, tratan de “llenar todo lo pertinente para un paciente con enfermedades cardíacas y contamos con los aparatos de última generación para ecocardiografía y estudios vasculares”. Con esta ventaja, el afectado tiene una mejor oportunidad de diagnóstico y tratamiento específico ante su cuadro clínico. Otro punto a favor, es que en el instituto cuentan con cardiólogos, internistas, hematólogos, neumólogos, cirujanos cardiovasculares, nutricionistas y psicólogos. Todo va dirigido a una mejor condición de vida del que presenta quebrantos de salud de este tipo.
Iecluz lo tiene todo, desde estudios sencillos, como los vasculares, los de monitoreo, los ambulatorios de diagnóstico, el ecocardiografía, los mapas, y el holter para las arritmias; hasta los especializados como el cateterismo cardiaco y la cirugía. De esta última, estima el internista, se realizan dos semanales y el rango de muertes que manejan por fallos en la intervención no supera el uno por ciento.
Las dificultades que asume el país también los arropan. Sin embargo, Bustamante explica que debido a que el instituto obedece a la ideología de una fundación que cuenta con constantes donaciones, y va dirigido específicamente a pacientes cardiovasculares, la falta de insumos los afecta, pero la demanda es por mucho inferior a los requerimientos de una emergencia hospitalaria que trata todas las patologías, por lo que se permiten mantenerse a flote en el campo de batalla.
Diario atienden casi 200 pacientes entre los 30 y 80 años. El número de afectados por consulta se ha mantenido, pero las cirugías si han descendido un 40 por ciento a consecuencia de los precios. A la parte de cateterismo y hemodinamia le juega una mala pasada la posibilidad de adquirir los insumos necesarios, ya que están dolarizados. Antes, añade el doctor, podías adquirirlos y pagarlos entre 15 días y un mes después. Pero para el proveedor dejó de ser negocio, por lo que te exigen pago inmediato.
Las restricciones son parte de un panorama nacional al que no son ajenos. El Iecluz se vio en la obligación de parar planes que estaban dirigidos a la captación de pacientes en las aulas de clases de las escuelas con educación primaria y secundaria. Al menor de edad que, tras la evaluación de su contexto hereditario y de obesidad, se le aprecia una posible señal de la presencia de hipertensión, se le ofrecían los servicios del organismo de forma gratuita. Esta, debido a las posibilidades económicas de la empresa y sus empleados, dejó de ser una posibilidad.
Noticia al Día
Fotos: Xiomara Solano